Andrés es como Dios, apreta pero no ahorca. Nos priva del placer supremo pero es muy permisivo con otros lujos, que podemos disfrutar en exceso. Tal es la femeneidad que emana a borbotones de mi vientre, que son las 2:28 y heme aquí, disfrutando de mi brownie sin culpa y sin poder dormir.
Pensar, sentir, llorar, llorar y llorar, para luego parar, respirar, sangrar, y volver a empezar. Porque se me hizo tarde, por la publicidad, por las palabras dulces de Fer, por el abrazo de mi mami, por la canción que estoy escuchando. Todo es llorar y siempre llorar. Llorar para conectarme con el principio de gravedad y con la gravedad de nuestro principio. Llorar para abrir la puerta de atrás de mi mundo interno y dejar entrar a alguien. Empapar la almohada como no hacía hace años, para encontrarme, que me perdí. Ya no veo la frontera entre lo que soy y lo que se piensa. Eso debe ser estar en problemas.
Pasará otro mes igual al pasado y al que viene, voy a volver a tener las soluciones teóricas de mi vida en la mano y las voy a volver a soltar frente a la tentación de hacer las cosas mal. Ganas de arrancarme el cabrito ariano que hay en mi, ser mas básica y recuperar la frescura.
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