
Heme aquí tras la tela de colores, multicplicando mis pasiones, compartiendo y descubriendo que nada se agota. Son siete los secretos que guarda el arcoiris. El primero ya lo descubrí. El amor. Todo es amor cuando luchamos porque el amor sea para todos. Nada es mejor que otra cosa, pero todo a su vez puede mejorarse.
Desde la piedra que elegí hoy, rodeada de personas que buscan conectarse cada vez más con lo que nos quita el vicio de la ciudad, del amontonamiento. Poco lugar, uno encima del otro, para desarrollar tanta imaginación individual que se contagia y se multiplica con solo rozarnos, besarnos o abrazarnos. Pero creemos que no cabemos, claro. Sí cabemos. Hay un lugar y un momento creado para mí. Tengo tierra por todos lados, la cabeza mutando y mi esencia es la misma. No quiero cambiar pero si talar las partes inconsistentes, y crecer, evolucionar, junto a la magia escondida de lo desconocido. Mi evolución, prometo, ayudará a los demás, y la de ellos al mundo. Ese debe ser el famoso granito de arena. El ritmo de mi corazón se va conectando en estos días, con el latido de la tierra y la fuerza de los tambores.
El arcoiris es multiforma. No tiene una religión, ni una sola forma de ser o hacer. La idea, creo, está en purificarse y elevarse desde donde queremos despegar. La forma pierde sentido y la esencia cobra valor. Un abrazo sincero da la bienvenida y con los días se transforma en el apoyo cotidiano, en la magia del amor fraterno.
QUe raro es reaccionar. Abrir el alma y entender que tenemos la capacidad de crear paraísos y la usamos para cavar pozos y nos empujamos hacia ellos. Entre todos, por querer salir, no hacemos mas que desgarrar la tierra y profundizar un mal para todos. Abundancia era una de las características que según recuerdo, tenía el paraíso. No nos falta nada, todo está adentro.
Lista estoy para abrirme de par en par, cueste lo que cueste, para nutrirme y compartirlo.
Silencio. Escucho ruidos. No se si se avecina una tormenta o mi desnutrición. Así me quería encontrar. Sin agua, sin baño, sin rimmel, sin cigarrillos, casi casi como llegue al mundo. Y ver que todo sigue, sigo siendo yo, Natasha, buscando el equilibrio, respirando en mi centro aire puro del que la naturaleza había planificado para nuestros cuerpos. Cuerpo que siento de otra manera. Viento de lluvia que anuncia la llegada de un día que será diferente a los demás. Aprendiendo a saborear las diferencias, aprendiendo a aprender lo mejor y enterrar lo peor en algun rinconcito del monte.
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