lunes, 17 de diciembre de 2007
Gracias al cielo la miopía toma vacaciones y a veces sus ojos funcionan a la distancia suficiente como para prevenir esos choques de energía que pueden hacernos daño alguno. Afortunadamente el semáforo en rojo de L.M. Campos le había permitido cruzar en diagonal ahorrándose un saludo de esos que secan la garganta y nos impregnan la discordia ajena. Iba ella caminando en paz tarareando en volumen medio a los plateros, burlándose de aquellos porteros que siempre condimentan la caminata con los mismos piropos baratos, directo hacia el suceso que arruinaría aquél pantalón tiro alto a estrenar. Un charco de gotitas de un aire acondicionado belgranense anticuado sobre las baldosas suavecitas que están buenas para patinar, ocasionó la tragedia. Una caída marcó la incoherencia entre pierna derecha y pierna izquierda demostrando una vez más, que los hombros son la herramienta fundamental para salvarse en este mundo. Pie derecho se rinde ante los nervios y las señales enviadas por panza somatizadora, pie derecho siempre es el culpable de sus males, pensó. Pie izquierdo nunca está de acuerdo por eso toma el camino opuesto sometiendo a ambas rodillas al desencuentro, a la dislocación fatal. Dios bendiga a la costura a estrenar porque nada ocurrió, hasta tanto, con el pantalon de tiro alto. Se preguntó por qué en aquél charco había una gota infiltrada de grasa de auto. Sobre una vereda? Mejor era pensar en el moretón que arruinaría esa noche su pierna recién depilada y en los productos que debería conseguir para salvar aquella tela virgen de manchas. No vale detallar el raspón del brazo ni tampoco su cara de putiada. Tres cuadras adelante, cuando bajó de aquella nube a la que se había colgado tras el encuentro casual no deseado, se dio cuenta que el moretón sólo existía en su imaginación. Una simple pesadilla despierta que genera la gente como esa.
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