miércoles, 20 de febrero de 2008

Me automedico porque lo creo instintivo. Siento lo que necesita mi cuerpo y trato de darselo. La automedicación tiene solo un problema...que tal vez uno se equivoca, claro porque no soy doctora. Si Roxy estuviese aquí me mataría pero está enfiestándose internacionalmente, así que puedo seguir recetandome pomadas mientras ella viaja en tren. O mejor aún tal vez está teniendo sexo en el tren. Pero...eso se lo dejamos para su blog si es que algún día nos hace el favor de tener uno.
Ayer hablábamos de los médicos. De llamar esperar un turno, sentir que uno lo está molestando y todoeso... para después tener que ir, leer una revista vieja en la sala de espera, que te digan lo que sospechabas y nada nuevo.. irte con una receta que después vas a perder, y van a tener que hacerte una nueva para comprar un remedio o una pastilla o una crema que para cuando logres obtenerla ya no hará falta. Por eso estamos los que preferimos ir a la farmacia y confiar en el farmacéutico. Mejor si es hombre. Porque las mujeres a veces quieren lo peor para las demás mujeres. El farmacéutico es un salvador. No hace muchas preguntas, ni toma nota de lo que le decís, ni quiere saber tu nombre apellido edad peso y altura. Te pregunta dos o o tres cositas, te hace cómplice con un guiño de ojo y te bate la posta. Por lo general te curás o solucionás tus problemas y si no...siempre está la opción de consultar a un médico.

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