Estaba sentada en el boulevard Olleros pensando. Pensando mucho, sonriente again, pero pensando porque esta semana hay pensamientos que rebotan. Es como si tuviese la necesidad de confirmar, con todo hombre que veo, la nueva teoría acerca de que adopto el rol masculino en cada una de mis relaciones post iony, quien tiernamente y sin querer, me ha arruinado la vida por completo. No es algo que suceda ahora, claro está, pero.. las heridas que quedan y los esquemas que aprendemos y repetimos por doquier con cualquier papanata. Esta vez del otro lado, nunca más del lado sufridor. Es curioso esto de que las mujeres nunca dejamos de recriminarle, al primer amor, todos los males y defectos, que brotan en nuestra vida posterior. Pobre...aunque bueno. Se lo merece. En fin.
Cuando de pronto... al lado mío, una viejita, pero no de las viejitas lindas chiquititas y con olor a naftalina. Esta era más lo que cualquiera que lea "las abuelas" de Doris Lessing, se imagina de Lil. Me pidió un cigarrillo, le convidé. Su mano era arrugadita llena de manchas, pero sus uñas tenían una pintada tan reciente y delicada que me hizo flashiar por unos segundos, con la vejéz.
No es que quiera saltearme la vida, quemar etapas ni mucho menos. Pero hay mujeres de 70 años que siguen brillando y eso ...me vuelve loca