Estaba por empezar una siesta básica, esas de sábado a la noche de 8 a 10, o de 9 a 11. Pensé en todo aquello que una piensa sólo cuando está por dormir. Un poco de fantasía pero otra mirada sobre la realidad, que se nos pierde en el día a día, cuando hay algo que no está tan bueno pensar.
Aprendí a reducirlo, a dedicarle solo un pensamiento muy de vez en cuando. Lo veo más de mí lado, ya no me acuerdo qué me gustaba, ni cómo hablaba, ni de qué me reía. Solo que teníamos buenos ratos, de esos que repetiría si no fuese por su caballera inaccesibilidad. Cómo actúa la psique, hasta donde llega y cómo vuelve, con efecto boomerang.
Cuando conocí a ese tal, todavía hacía calor, era buen momento para conquistarme. Tenía una atracción fácil con los borrachines y las situaciones copadas. Pero prontito, casi después del primer capítulo, las cosas cambiaron a otro color, uno mas rebuscado, no tan simple y divertido como la primera vez. Creo haber perdido la frescura desde la primera vez q me hizo esperar. Tenía un misterio particular y una dulzura elegante. La expectativa lo arruina todo. Los menores indicios de encontrar a una persona potable, se desvanecen a la primera jugada que te hace, y ahí empieza una guerra. Ya no es química aprovechable y sonrisas en común, es una guerra de uno contra un otro, en la que cada cual actuará sobre el su adversario a pura razón, sin impulso, sin corazón.
A veces es un misterio, otras es un mal flash, otras una lástima. Otras veces las tres cosas.
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