Todo comenzó a las 11.10, horario en el que termina mi sesión con Fernando. Una vez más, me crucé con el paciente que viene después que yo. A las 11.15, horario en el que tomo el ascensor, siempre me pregunto si el señorcito aquél desayuna mis problemas existenciales haciéndose el que lee una revista, esperando su turno. Puedo darme cuenta que algo sabe, por su oído agudo o por mi voz tan fuerte...Por lo general nos hacemos caras, dependiendo de qué duro me haya dado la terapia, o sonrío o bajo la mirada para que no vea todo lo que me hicieron llorar. El martes salí bien, con más claridad que el lunes, con problemas mas serios. Pero bien.
Tuve que confesarle a fernando que aveces, solo a veces, quiero mentirle, porque me da mucha verguenza la verdad. Hago cualquiera. "Cualquiera" según Fer, es todo y no es nada. Es algo como podría ser lo otro.
Tuve un día pegajoso de trabajo, trámites burocráticos y sueldos inesperados. Le siguió un café con leche con tostadas, un rato en el lago y un plan distinto: ir a la despedida de Diego(nadie sabía quien era Diego) que se va a un crucero por cinco meses, a tocar el contrabajo en una banda, mientras la clase alta come postres rumbo a Tierra del Fuego.
Me estoy reencontrando con los planes bohemios, y eso está bien.
El lugar era como un PH con mesas, cervezas, mosaicos, músicos, una escalera caracol y un patio para fumar. Había bastante gente. Poli insistió en presentar al viajero. Para mi sorpresa, y la de Diego, nos conocíamos.
Diego y yo compartimos psicoanalista, y nos vemos todos los martes a las 11.10 en el hall de entrada. "Hoy te fuiste contenta" me dijo. "Cómo seguís mi historia.." le respondí. Rápidamente me preguntó si veo la serie Entretainment.
No, no la veo.
Hace mucho que no veo series.
Pero la voy a ver, después de ir corriendo a contarle esto a Fernando, claro.
Qué loco, lo que es la vida. El mundo es un pañuelo.
Diego y yo compartimos psicoanalista. Flashero, flashero.
Claro que le pregunté todo lo que quería saber. Bueno , que no voy a tener que vivir el momento incómodo de volver a encontrarmelo, porque estará en el crucero.
En una vida paralela yo soy colombiana y llevo una remera corta hasta el ombligo. Bailo en las calles, uso ojotas, hablo con un acento y me gustan los extranjeros.
Entre maikels, cervezas y puchos, quedé enviciada un martes de madrugada.
Hablamos del deseo y el goce como dos opuestos. Dos que no conviven, que se cruzan, probablemente en el hall del psicoanálisis.
Hablamos de meditar y de las drogas. Las drogas, decía uno, te llevan directo de un empujón al gran estado. A la meditación, por el contrario, se llega. Se llega a través del trabajo personal y cuando se logra es mucho más placentero. Es un lujo, un orgullo, mérito propio. Naturaleza viva.
Me pierdo tanto en el deseo, pensé, que poca veces gozo el equilibrio. Fernando dice que pongo mucha resistencia a lo que mas deseo: recibirme y enamorarme. Dice que saboteo lo que busco y encuentro. Que me dan miedo las bases. Tener la habilitación que conlleva compromiso. De dónde sale esto? Tengo que pensarlo. Él dice que yo busco fórmulas y soluciones rápidas. Que no se trabajar en equipo porque requiere un compromiso, que no puedo enamorarme porque sólo me gustan los aspectos. Que tomo lo que quiero y lo que no, lo dejo. No doy chance a la construcción, al paso siguiente. Destruyo el todo, busco partes, hago mis combinaciones, y así vivo, de todo y nada.
Volví manejando por Córdoba, escuchando radio urquiza y en eso un jazz me dio la clave ..
Lets do it, Mamma, lets fall in love...
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