No se cuantas cosas ilegales habrè hecho, al margen de algùn buen trip o manejar borracha por el tunel de Libertador. A veces cruzo en diagonal tentando la suerte de un colectivo al doblar. Pero nunca nada como el crimen inevitable al que me llevò tu sonrisa esa noche estrellada en que las baldosas de Buenos Aires cambiaban su estilo de lote a lote.
Abrigaste mis piernas con tus ojos de paraìso y, antes que cualquier otro, te acercaste a saber mi nombre. Natasha, pero algunos lo escriben mal, Natacha, te contè sin ganas de que gustes de mì porque ya tenìa miedo de perderte alguna vez.
Eras perfecto, perfecto y para mi, justo uando empezaba a acomodarme y hasta encariñarme con lo insuficiente.
Eras el amor y me lo dijo tu pelo negro en secreto, en un momento en el que te diste vuelta para ponerle mas hielo a mi trago.
Una calle, un mareo, otra mirada y depronto tu boca. Tu boca y despuès ideas tontas de mi corazòn
No hay comentarios:
Publicar un comentario