lunes, 9 de marzo de 2009

lo que este sapo no estima de su pozo

los trámites, el asfalto, los cagones, la mentira, los gatos, las barreras, la incertidumbre, la necesidad, el "evento", la computadora, la competencia, la envidia, la gastritis crónica, la gente inmadura, la mirada perdida, la tristeza, lo gris, el microcentro.
El pesado, el ex novio, el malo, el cobarde, el platónico, el canchero, el no se sabe.
Que me hayan robado la billetera, que se me hayan roto las milanesas de soja, haber perdido el envase retornable, sacar los pelos de la bañera, que me falte manteca.
Que sobren las mantequitas, que me subestimen.
No poder resolver mi problema.
La AFIP, los horarios, la rutina, el café y las úlseras.
Estar lejos de la playa. Hundirme en la soledad y que sea inevitable. No querer ver a nadie. Encontrarme a lagente que me da mala vibra. No tener cerca a mi coneja Gabriela. Gritar y que nadie me escuche. Y no poder pegarle en la cara.

1 comentario:

nadie dijo...

el tema es entender que siempre hay una salida de escape, una veloz forma de volar a las estrellas y disparar al encuentro de soles, lunas, interminables planteas.
Para eso hay que estar atento, abrir los ojos muy grandes y palpar la vida, tenerla cerca. Entender que una oportunidad es una en un millon, una en una infinidad de causas que pueden sucederse, pero que solo UNA está allí para resolver, quizá por un minuto, un día o tan sólo una noche, una gran noche que por fin en ese instante nos haga olvidar tanta soledad, tanto café ácido, tanta infelicidad reinando.
Es que sólo abriendo los ojos, y con ganas de abrirse a esas novedades es que uno puede ir saltando como un sapito, de un pozo a otro.