Mi historia con las siestas es siempre la misma. No me tiro porque se lo que va a pasar, y cuando pienso que puede tener otro final, un final feliz, me equivoco. Siempre hay un ser humano, Dani, que llama para lavar sus culpas una y otra vez, como si el que no pudo atender a las 19:45 puede hacerlo a las 19:46.
Esto hace que mis siestas siempre sean interrumpidas y me levante de un terrible humor, y quiera sacar la escopeta. Y matarlos a todos.
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