jueves, 30 de diciembre de 2010

wave

Cerrar etapas a veces tiene costos inesperados. Romper vínculos, afianzar otros, gastar dinero en cremas para la cara, ganar confianza, perder la pendejada en el camino. Lo cierto es que hoy, a un día de año nuevo, por fin siento que cumplí algunos objetivos importantes de la lista que decora mi heladera.

El domingo pasado tuve la oportunidad de compartir pileta con niñas de 17. Mas allá de haber examinado el culo de cada una de ellas para comprobar que el tiempo puede ser un hijo de remil puta, saqué algunas conclusiones positivas. Crecer nos cuesta a todos, solo que algunos gastamos fortunas incalculabres para de hablar de ello en análisis.
Hoy hicimos la evaluación del año con Fernando. Hablamos del reposicionamiento. La forma de abordar los rubros de mi vida, lo es todo en este momento. Aunque me duela, ya no soy lo que era. Soy algo nuevo. Algo raro. Ahora peleo con el arquitecto de al lado por los horarios de la construcción, me pago el plomero, pido aumentos, rindo historia, tomo agua mineral.

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