martes, 12 de febrero de 2008

Parece que el Dr. Segal intentará atacarme con una camarita interna para determinar si voy a morir finalmente de gastritis o qué. Las malas lenguas alertan que las segundas opciones son tan trágicas como la primera. Estaríamos hablando de la posibilidad de que mi cuerpo se vea privado de hidratarse con Coca-Light hasta que todas aquellas cosas que examina un gastroenterólogo se fortalezcan. Ya siento el spray paralizador de sentidos tomandome la garganta. Ya quiero vomitar y conseguir una mano que quiera venir a sudar con la mía este momento trágico en la vida de este cuerpo obligado a abandonar los cítricos, el mate, la coca, el cigarrillo, las grasas y todo lo que sea considerado placer en la vida.

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