Waw. Todavía queda gente que guste de mi a pesar de la humedad.
Y siempre que eso sucede hay un detalle.
Hay patrones de conducta que me invaden en el momento en que se genera el vínculo de humano a humano. Por ejemplo: Los que gustan mucho de mí siempre son el amigo del que me gusta. Es como si me fallara la puntería. Es como tener torcido el manubrio de la bicicleta. Aunque debo admitir que siempre son una mejor idea que aquél que me gusta, que nunca es merecedor.
Pero eso no le basta a mi corazón para salirse de la camiseta y volar hacia el otro, así flying fiu fiu. Todavía estoy cerrada en la idea estúpida de ganar guerras y conquistar nuevos horizontes. Y no quiero lastimas y no quiere que me lastimen. Me da miedo que el otro interprete que le pertenezco en algún sentido, y uf. No eso, definitivamente me hace muy mal. Sale a la luz la fóbica de mierda y arruino todo antes de que alguien me diga algo que no podría escuchar, porque saberlo implicaría un compromiso de las partes, y eso... eso, no se. Eso no se.
Por ahí no me doy la oportunidad. Y todo por mantener puertas abiertas y no poder hacer foco en lo concreto: lo bello, lo simple, lo real, la mano en la cintura y la mirada directa, sin rodeos.
Los hombres que me gustaron a lo largo de mi vida siempre fueron como un meteorito que parece enorme y trascendente, pero cuando traspasan la capa de ozono o como se llame el gas que nos rodea, se desintegran y no son nada de otro mundo. O nada, digamoslo de una vez.
Pequeñas piedritas dentro de mis zapatos.
Babeaba mirando el cielo y pensé: im not hoplesly devoted to you...so¿?
y así, me dispuse a cometer una serie de errores mortales hoy a las 22.30. Uf. Tal vez equivocarme sea la clave del éxito.
Viva la vida que viva, viviré pensando en vivir lo mejor posible. Hay vida si es ligera y hermosamente vivida. Simple, Perfecto e Inexplicable como la vida de un pequeño insecto. O así lo veo yo.
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