miércoles, 11 de marzo de 2009

Run


Esta canción me hace acordar al 11 d Agosto. Día en que me encontraba super drogada como nunca antes en la vida, tratando de tomar un micro a Madrid. Escuchaba Cherry Blossom Girl intentando encontrar la plataforma donde aquél autobús sí que no me estaba esperando. Casi lo pierdo por estar buscando cambio para comprar aperitivos. El viaje fue largo, por suerte al lado mío iba un hombre de Camerún que me contaba anécdotas falsas que en teoría había vivido aquél fin de semana. Tal vez eran ciertas y no soy la única persona a la cual le pasan cosas extrañas a diario. Pero en ese momento y en ese estado, todo parecía fantasía.
El tenía un tren que lo dejaba a unas cuadras de su casa, pero tenía un miedo acertado a que yo no esté prestando atención a sus indicaciones, por lo que tuvo que acompañarme en la combinación de tres subtes, que distaban de ser tres metros, como le dicen.
Llegué a la calle San Sebastián, cerca de la estación de Atocha y entré al depto deshabitado de Javi y Malena. El piso era de ajedrez y las paredes azul francia. Techo alto, puertas de madera vieja con vidrios y perillas doradas. En la heladera sólo había jamones y quesos raros. Y cervezas. Esa noche fue especial.

Mandé un par de mails breves anunciando mi paradero, pero no estaba con la cabeza para dar mas detalles. Debían macerar los pocos recuerdos que tenía de la semana anterior. Claro que ahora recuerdo todo. Carpas en la Costa Brava, gente loca, calles angostas, charlas inolvidables y hasta una cita con un chico argentino aburrido como él solo. Tuve que tomarme 3 latas de cerveza para poder sonreír un poco. Le pedí que me acompañe al lugar donde fabrican caramelo y a la verdulería a comprar bananas. No había bananas, compré una manzana que nunca comí y quedó en mi mochila hasta Toledo. En Toledo la probé y no era manzana. Tuve que tirarla.

En Toledo fue fácil olvidar que estaba en el 2008 y llegué a imaginar como hubiese sido ser princesa. La estación de tren era hermosa, la más linda. Todo vitreaux y un reloj antiguo que no daba la hora exxacta pero era bello.

Me quedé dormida en ese tren hasta que una gran gotera me alistó para el concurso de pecheras mojadas.

Ese día hice un llamado por telefono y al minuto, catorce segundos, me di cuenta de que no quería volver. No había nada de acá que me llamara a gritos, salvo algunos proyectos que detonaron apenas llegué, como todo.

Hoy arde este recuerdo y no veo la hora... no veo la hora... si la pienso es nunca.. pero tal vez llegue el día en que.. no? sí, la vida es totalmente inesperada y siempre se cumplen los deseos.

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