martes, 22 de septiembre de 2009

La importancia de colar un raviol

El fin de semana superó mis expectativas. Podría haber muerto en la ruta de vuelta habiendo reído lo suficiente. No se si algo volverá a causarme tanta gracia como los sucesos de este fin de semana. Gente copada, campo maravilloso, fiesta descontrolada, fogón bajo las estrellas, cordero en 4 patas, partido de fútbol mixto, mates, torta y abrazo grupal de unos fabulosos 19 integrantes. Y ahora depresión post-diversión extrema.

Mientras cocino recuerdo todo lo que comí el fin de semana. Kepes, lajmashin, niños envueltos, champagne, arroz con fasulíe, cheescake, brownie, chocotorta, cordero, asado, galletitas, alcohol, papas, cindor, tostadas con manteca. Merezco unos ravioles dedomingo por la noche? Estaré abusando? Quién sabe...No lo sabe nadie, pero la vida te reta de alguna manera. Me comí un raviol cargado de agua hirviendo. Me quemé la lengua, el paladar y la garganta. Lo que hacen dos centímetros cúbicos de agua caliente es algo que mi cuerpo aún no puede olvidar. Estoy quemada por fuera y por dentro, en el sentido metafórico y literal de la palabra.

Ayer empecé fútbol femenino. Tengo dos moretones en la rodilla y un grupo nuevo de mujeres dispuestas a transpirar la camiseta por el equipo. Era lo que necesitaba. Para mi gusto me falta mucho entrenamiento pero calculo que en un par de partidos más seré buena delantera.
Metí un gol con la izquierda, que espero sea contabilizado en una tabla de goleadores, así cumplo mi sueño infantil de tener una copita dorada liga-ovario. Después pizza y cerveza, hablar de minas y volver cansada.

Y ahora de golpe, cuando lo tenía todo bajo control, se han roto mis ovarios y sólo puedo dormir.
Oh no.

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