sábado, 14 de noviembre de 2009

Pensaba en la limonada y en cómo mierda se hace para que el hielo quede bien frozen y sea exactamente igualita a la que tomo en el bar que está a la vuelta de guitarra. En los días lindos, por lo general, ya no salgo ala calle, pienso. Acostumbro intentar estudiar todo el día sin éxito y después salir sin culpa por lo frustrante de haberme perdido el sol y lo cansada que me encuentro tras lidiar con el ser pajero que manda en un 80% de las veces. No puedo. Me dan ganas de dormir siestas, mirar películas de Hugh Grant, limpiar, hacer collages, cualquier cosa menos leer a Errandonea y García Ferrando, alias las dos personas más aburridas e infelices de este mundo.

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