Una de las cosas que más me toma el cerebro en esta nueva vida en la que no me puedo quejar a diario de mis padres, es el llamado materno un sábado a la noche para saber: qué hice, qué voy a hacer, qué tengo para comer, por qué no saliste de tu casa, vas a ver a las chicas? hay algún cumple?te quedan pantymedias sin agujeros? Pero vas sola? y volvés sola? querés venir a casa? etc etc etc. Es loco que ella, quien toda la vida representó la omnipotencia femenina, la independencia y la femeneidad como pilares inamovibles, ahora flaquee ante la primera idea de novio que le presento como mayor de edad. Las madres están demasiado alertas, son el panóptico encarnado en un solo ser humano.
El que al parecer ya no me quiere ver es mi terapeuta. Me canceló las últimas 3 sesiones y ahora soy yo la que no lo quiere ver. Ya va a ver. Oh no. Ahora que digo eto me doy cuenta que lo logró. Quería vincularse conmigo de la extraña manera que habitúo para entender mis reacciones bélicas. Tendrá que agarrarse del diván y atenerse a las consecuencias. En principio me ahorré unos $ así que puedo volver a comprar mermelada.
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