En este momento me entiendo mejor a cara lavada. Pienso al mismo ritmo en cosas nuevas y en tiempos compartidos. Quiero casa, balcón y el sabor de pensarlo a la distancia. Se acerca el sol, las más bellas melodías, los paseos en bicicleta, sus guitarras, mis acrílicos y el pelo largo. De a poco ir pisando esos terrenos que hasta Agosto parecían pantanosos es bastante flashero y da vértigo. Pero como en todas las montañas siempre está la mano que hace transitable el camino de cornisa y todo se convierte en un paisaje hiperventilado de horizontes infinitos.
Como a Leviatán imaginé al amor. Me recordaba a una Natasha esquelética de mirada perdida, frustrada, que habiendo guardado sus pasiones en la cómoda, se había, me había, convertido en un ente atérmico. Me olvidé de llorar, de compartir, confiar y dar. Revirar depende de rubios mágicos o de un simple cd de ale sanz. Edulcorarse sin vértigo, vivir en la playa, reír, pegar y hacer cosquillas constituyen mi plan para el año que viene.
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