sábado, 26 de junio de 2010

El aumento

Escribo menos pero sigo siendo un ser extraño. Ayer quise pedir un aumento y me puse a llorar antes de hablar de dinero. El no-reconocimiento, así como también la injusticia y y el invierno, me ponen sensible. En palabras de mi ex yo, soy una flojita de mierda. Es que no sólo le quería decir que merezco un aguinaldo, sino que también quería decirle que no ando en bici, ni tengo tiempo de pintar las paredes, y no puedo vestirme informal ni almorzar en mi hogar, ni paso la tarde tomando mates en el balcón, ni llego con fuerzas al viernes por la noche. Si estoy dentro del sistema relegando finales y viajes, al menos quiero tener dinero para gastar en el bazar comprando utensilios inservibles para la cocina.
Alguna vez he dicho que pedir renunciar es como cortarle a un novio. Del mismo modo, pedir un aumento es como demandar amor. Y estoy así porque hace frío y mi estufa eco´friendly no es tan calurosa, y vivo de carbo hidratos y hace un año que no escuchaba silvio rodriguez. La música deprimente es totalmente necesaria para clarificar sentimientos.
Volvió respirando agitada con la bici rota y la rodilla abierta. Por algunos momentos se ahogaba por querer contener el llanto. Una loma de burro y una zanja le habían hecho notar que para algunas cosas siempre estaría solita con su dolor. Algo silencioso la miraba desde el cielo, pero no era religiosa, sino que podía escuchar su interior en el viento. Y eso era algo extraño para una criatura de 6 años con pantalones desflecados.
En casa estaba su madre quien todavía la recibe cuando necesita llorar. La amabilidad y el refugio de apoyar la cabeza en el pecho materno, es algo natural e incondicional. De ahí creo, sacaba la fuerza para todo lo que de ahí se desprendió. La mente de un ser se desconecta y relaja cerca del corazón del otro.
Quiero ser para siempre una nena de mamá y papá.

en estos días

los sueños no entienden razones
La mañana tiene un sabor extraño porque caías de un barco en una noche de tormenta y yo me tiraba intentando salvarte pero era imposible. Ni en mi sueño podía darte mi mano. Duele un poco. Aunque pequeña, esta herida, tiene gusto de realidad interrumpida que amenaza retornar en sueños donde la decisión la toma el tiempo. Tiempo que estaba ahí sin usar.
Siempre estuvimos lejos y apagados el uno en la vida del otro. Por alguna razón siempre fuimos un recuerdo de un presente sin futuro, con la intensidad de lo que sólo un día dura y años se recuerda.
Debo repasar menos.