sábado, 26 de junio de 2010

Volvió respirando agitada con la bici rota y la rodilla abierta. Por algunos momentos se ahogaba por querer contener el llanto. Una loma de burro y una zanja le habían hecho notar que para algunas cosas siempre estaría solita con su dolor. Algo silencioso la miraba desde el cielo, pero no era religiosa, sino que podía escuchar su interior en el viento. Y eso era algo extraño para una criatura de 6 años con pantalones desflecados.
En casa estaba su madre quien todavía la recibe cuando necesita llorar. La amabilidad y el refugio de apoyar la cabeza en el pecho materno, es algo natural e incondicional. De ahí creo, sacaba la fuerza para todo lo que de ahí se desprendió. La mente de un ser se desconecta y relaja cerca del corazón del otro.
Quiero ser para siempre una nena de mamá y papá.

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