La emoción de los reencuentros dura, por lo general, una semana. A mi me duró 15 minutos, los primeros quince. Ver caras que parecían lejos, darme abrazos fuertes que habré necesitado alguna tarde, risas cómplices que extrañaba, la comida casera, la cama asegurada...
Pero después, todo eso se reduce a...lo mismo de siempre. Nada ha cambiado. Todo permanece, poco evoluciona. Las mismas historias, la misma calle, los mismos problemas, la gente donde siempre. Sólo el clima cambió un poquito y mi cabeza que se fue volando. Y extraño.
Extraño la gente nueva de cada día, y los no horarios y los no días y la no ubicación en el tiempo y el espacio que te da una sensación de libertad única e indescriptible. La no rutina, la no explicación, la desparición legal de mi persona.
Ganas de hablar con gente que no conoce a Susana Gimenez, de explicarle a una húngara lo que es la UBA, de alquilarme una bici y tener bicisenda, de comer sin prejuicio y engordar libremente. Ganas de sentir que sigo en una película acerca del viaje de mi vida, acerca de la vida jóven, de la aventura, de los miedos y las cosas q se aprenden lejos de casa. Las cosas que importan realmente. Los códigos internacionales de la buena onda, la música local, la gente de colores, los bailes del amor, las drogas de españa.
Me siento encerrada en una punta del mundo, y no quiero ser el limado que vuelve de viaje, pero la lima existe, es real, la estoy viviendo.
Me quiero morir? No, pero me quiero ir.
Llegaré al momento de adaptación?Ojalá.
Cosas buenas acá? estar quemada a mitad de año...emm...ver fotos, rememorar lindos momentos..extrañar..
y se pone de otro color y ya siento como se me escapa el aire renovador con el que contaba hasta hace unos días.
No te vayas vida feliz!!! No me dejes, plis.
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